Hemeroteca del mes diciembre 2025

Nochebuena de 2025.
En Quintá hablan el centeno, los castaños, el agua, las abejas,
una mujer que leyó a Séneca…
y la niebla, que toma acta.

No es un cuento.
Es una radiografía del tiempo y del mundo
escrita desde dentro del valle.

(Lee despacio: aquí el silencio también responde.)

📍 Interior de la iglesia parroquial de Quintá
🕯️ Nochebuena, 2025

 

PERSONAJES (voces del lugar)

ESPIGAS (centeno) — voz plural, clara, de trabajo callado.
CASTAÑOS — voz grave, lenta, de madera y espera.
AGUA — transparente, insistente, a veces alegre, a veces severa.
ABEJAS (Coro) — precisión, aviso, memoria viva.
LA REINA — orden, alarma cuando toca.
LA MUJER DE SÉNECA — ironía sobria; sentencia sin levantar la voz.
NIEBLA — notaria del valle: ve, registra y vuelve.



MOMENTO I — LA IGLESIA Y EL INVIERNO

NIEBLA
Boas noites, Quintá.
Vengo a lo de siempre: a ver, a anotar, a irme… y a volver.
No soy vecina, pero soy testigo.
No voto, pero registro.
No aplaudo, pero archivo.

ESPIGAS
No nacimos para el ruido, sino para el pan.
Nos abrieron la tierra a golpe de yugo y paciencia,
y nos hicieron crecer con sudor, estiércol
y esa química moderna que promete milagros
pero nunca devuelve las manos que gastó.

CASTAÑOS
Yo crecí despacio.
Cuando el hombre tenía prisa, yo ya sabía
que toda prisa acaba en hambre… y en juzgados.
He dado castaña, sombra, viga, lareira
y hasta el mango de un azadón que no mintió jamás.
Me han llamado viejo.
Yo llamo inmaduro al que corre sin saber adónde.

AGUA
Callad un poco, que vengo de lejos.
De fuentes pequeñas, de regatos sin firma,
de ríos que no pidieron permiso para ser vida.
He visto morir huertas por orgullo
y colmenas por descuido.
He visto labios agradecerme
y gobiernos olvidarme.

CORO DE ABEJAS
Nosotras no debatimos por deporte.
Debatimos para seguir viviendo.
Cuando el bosque enferma, lo sabemos.
Cuando el valle calla, lo medimos.
Cuando el humo sube, lo anunciamos.

LA REINA
El mundo se cree dueño de lo que no entiende.
La política se cree invulnerable
porque la gente le regala poder por temporadas
y luego se sorprende.
Pero el bosque no firma.
La abeja no firma.
La muerte tampoco.

NIEBLA
Hoy es Nochebuena.
Dicen que esta noche nace la esperanza.
Yo solo sé que esta noche, como todas, se gasta.
Y lo gastado no vuelve.
—Eso, queridos, es lo único verdaderamente democrático.

LA MUJER DE SÉNECA
La iglesia guarda santos.
El calendario guarda algo peor: la cuenta atrás.
Séneca lo dijo sin música: no pierdas hora alguna.
Y aquí estamos…
quemando días como leña mojada
para aparentar calor.



MOMENTO II — EL CONSEJO DE LOS VIVOS

NIEBLA
Radiografía del año 2025:
se habla más de lo que se hace.
los que mandan creen que no se les ve.
el tiempo sigue, aunque el discurso se quede.

ESPIGAS
He visto la quema de rastrojos
como quien ve una frase corta y peligrosa:
“Es rápido.”
“Es útil.”
“Se hizo siempre.”
Tres excusas que caben en una cerilla.
Luego viene el viento
y el campo se vuelve noticia,
y la noticia… olvido.

AGUA
No hay incendio que no empiece pequeño.
Ni catástrofe que no se cocine despacio.
La riada no cae por capricho:
encuentra caminos que alguien abrió.
La sequía no es una opinión.
Es una factura.

CASTAÑOS
Confundieron desarrollo con velocidad
y progreso con olvido.
Cortan la raíz
y luego se quejan de que no hay sombra.

LA MUJER DE SÉNECA
La modernidad inventó un arte nuevo:
perder tiempo con orgullo.
Lo llaman “estar al día”.
Saltan de pantalla en pantalla
como grillos sin hierba.
Al final del día:
ni pan, ni casa, ni paz.
Solo cansancio
y una opinión flamante.



MOMENTO III — EL TIEMPO (ESA LEY SIN RECURSO)

LA MUJER DE SÉNECA
La vida no se repite.
Y por eso es obsceno perderla en odio,
en burocracia del alma
o en la cobardía de mirar a otro lado.

AGUA
Me desperdician cuando dejan arder el monte
y luego lloran la ceniza.
Me desperdician cuando asfaltan el sentido común.

CASTAÑOS
Un castaño no promete ganancias.
Promete futuro.
Y el futuro exige virtud.

ESPIGAS
En Quintá se sabía:
tirar pan era tirar tiempo.
Y tirar tiempo
era ofender a los muertos.

CORO DE ABEJAS
Somos pequeñas.
Pero sin nosotras
no hay fruta,
no hay semilla,
no hay mañana.



MOMENTO IV — NOCHEBUENA

LA MUJER DE SÉNECA
La paz no es emoción.
Es decisión diaria.
Quien ama el bosque no lo usa: lo cuida.
Quien ama a su gente no la engaña: la sirve.

NIEBLA
Los poderosos siempre piden tiempo.
La vida no concede prórrogas.
Y el valle —que parece lento—
nota enseguida
quién vive de excusas.

CORO DE ABEJAS
Si el mundo quiere mañana,
que escuche al cantero.
Lo pequeño no grita,
pero sostiene.

LA REINA
Paz entre especies.
Eso es civilización.

NIEBLA
Yo volveré.
No por amenaza,
sino por costumbre de la verdad:
la verdad regresa
cuando el ruido se cansa.

TELÓN

(Si llegaste hasta aquí, gracias.
El silencio también es lectura.)

 

Comentarios Comentarios desactivados en LA NIEBLA TOMA ACTA (Auto de Nochebuena en Quintá – 2025)

(Acto único en cuatro momentos. Os Ancares Lucenses. Diciembre.)

Texto teatral breve inspirado en hechos reales.
No para representar, sino para
ser leído despacio, como se camina un sendero bien hecho.

Durante siglos, en Os Ancares, la vida avanzó cuesta arriba.
No por falta de belleza, sino por exceso de resignación heredada.

Aquí el paisaje no se ofrecía: había que merecerlo.
Y durante demasiado tiempo se dio por hecho que no valía la pena intentarlo.

Pero un día, sin ruido, alguien decidió no resignarse.
No para cambiar el mundo, sino para
cuidar un trozo de él.

Ese gesto —humilde y persistente— es el que hoy se reconoce.
No porque los picos girasen, sino porque
la resignación dejó de mandar.

Personajes

Maruxa da Veiga

Mujer de aldea. Memoria larga, mirada directa. Sabe cuándo hablar y cuándo callar.

Xoán do Camiño

Mozo que decidiu quedar. Manos jóvenes, cabeza firme.

Antón
Encargado del común. Guarda de lo que no sale en los mapas. Sorna precisa.

Hannah Weiss

Visitante extranjera. Observa sin soberbia. Escucha antes de anotar.

A Auga

Presencia constante. Música baixa que acompaña todo.

Momento I

A loma. Tarde fría.

(Desde arriba se ven las veigas del Donsal. Las pequeñas presas dejan pasar el agua con un ritmo antiguo. El aire es limpio, cortante. La agua suena: no corre, marca el tiempo.

Maruxa está sentada en un valado de piedra. Xoán llega por el sendero.)

MARUXA
Mira para ahí abajo.

Todo eso estaba antes de los nombres,
antes de los sellos y de las fotos.
La tierra no esperaba por nadie.

XOÁN
No.
Pero tampoco se defendía sola.

MARUXA
Defendíase como podía.

Con xente que quedaba cando outros marchaban.
Con mulleres que facían de todo.

Y con agua que sabía por dónde ir
sin pedir permiso a nadie.

(La agua marca un compás suave.)

XOÁN
Cuando dije que me quedaba,

respondieron:
“Non paga a pena.”

MARUXA
Eso pesa más que cualquier saco.
La resignación es como mala herba:
si no la rozas, acaba tomando todo.

Momento II

El sendero. Trabajo hecho.

(Antón aparece. No lleva herramientas. Observa el camino como quien mide años.)

ANTÓN
Este tramo estaba cerrado cuando yo era nuevo.
Y también cuando ya tenía canas.
Siempre había algo más urgente…
en otra parte.

XOÁN
Aquí no hubo urgencia.

ANTÓN
Hubo constancia.

Y eso no luce en ningún informe.

MARUXA
Aquí el ruido siempre fue otro:

el del carro, el del río,

el de las botas en la lama.

El silencio venía después…
cuando nadie miraba.

ANTÓN
Y ahora miran.

XOÁN
Porque el camino existe.
Y porque alguien lo cuida
como se cuida una leira,
no como un escaparate.

ANTÓN

(con media sonrisa)
El común, cuando funciona, molesta.
Porque deja sin excusas
a los que viven de explicarlas.

(Pausa. La agua acompaña, constante.)

Momento III

Llega alguien de fuera.

(Hannah aparece con un cuaderno pequeño. No graba. Observa.)

HANNAH
Perdonen.
No busco nada concreto.

Solo camino.

MARUXA
Aquí siempre se llegó caminando.

Lo difícil es marchar
entendiendo algo.

HANNAH
En mi país estudiamos territorios
que perdieron esto hace cien años.

Aquí sigue vivo.

Y nadie parece sorprendido.

ANTÓN
Porque para vivir aquí

no queda tiempo para sorprenderse.

HANNAH
Pues deberían.

Lo que ustedes llaman normal,

en otros lugares sería
patrimonio protegido,

financiado, explicado en congresos.

XOÁN
Aquí fue trabajo.

Y muchas puertas cerradas.

HANNAH
Entonces esto no es paisaje.

Es decisión.

(Maruxa asiente. Antón mira hacia el río.)

ANTÓN
Y también es memoria.

Porque aquí, cuando algo se pierde,
no vuelve en un decreto.

Momento IV

La auga manda.

(La escena baja a las presas artesanas.
El agua entra en los prados con un
ritmo casi musical:
abre, llena, descansa, sigue.)

MARUXA
¿Oyes el Donsal?

No corre: canta baixo.

Regó antes de que existiera la palabra sostenibilidad
y seguirá cuando la dejen de usar.

ANTÓN
Nunca pidió nada.

Solo sitio para pasar.

XOÁN
Ahora el mundo llega aquí.

No para llevar…
sino para aprender a quedar.

HANNAH
Lo que ustedes hicieron girar
no fue el viento
ni los picos.
Fue algo mucho más difícil:
la resignación.

(Silencio. El agua sigue.)

MARUXA
Que quede claro.
No hicimos esto para aplausos.
Hicímolo para poder mirar aos ollos
aos que veñen.

(La agua riega las veigas. Luz baja.)

Nota final

Este texto nace en Os Ancares Lucenses,
donde la juventud implicada y una asociación persistente
actuaron como
escultores del territorio:
hicieron transitable lo que no lo era,
legible lo que estaba oculto,
accesible una belleza que nunca fue decorado.

El sendero existe porque hubo manos, tiempo y convicción.
La agua sigue porque siempre supo su camino.
Y la resignación —por primera vez en mucho tiempo—
dejó de mandar.

En Os Ancares Lucenses y Quintá de Cancelada, a 19 de diciembre de 2025

Antonio Álvarez González, presidente de CyN

Comentarios Comentarios desactivados en LOS JÓVENES Y LA ASOCIACIÓN QUE HICIERON GIRAR LA RESIGNACIÓN EN OS ANCARES

Tras el debate abierto sobre derechos humanos y territorios en sombra en sitios y redes de CyN, damos un paso más: una propuesta.

Hay verdades que no nacen en los parlamentos ni en los informes.

Nacen donde la tierra se abre cada primavera, donde el agua tarda en llegar o llega de golpe, donde el bosque respira antes que nosotros y avisa con musgo y liquen de lo que está por venir.

El mundo rural no es un resto del pasado ni un paisaje disponible: es el sistema vivo que sostiene a la humanidad.

De él procede el alimento que nutre a las ciudades, el agua que debe ser potable, el aire que se limpia en los montes, el equilibrio que frena incendios, avenidas, erosiones y colapsos. Cuando ese sistema se debilita, no se pierde una comarca: se debilita la seguridad alimentaria, la salud pública, la estabilidad climática y la paz social.

Pero la desigualdad también se cultiva.

Se cultiva cuando el agricultor trabaja con márgenes que no decidió, cuando el ganadero asume riesgos que otros trasladan, cuando la presión económica o urbana conduce el tractor y decide qué se siembra y qué se abandona.

Se cultiva cuando el precio se fija lejos del barro, cuando la norma nace en despachos que no conocen la sequía ni el exceso de agua, cuando se exige producir más con menos suelo vivo, menos agua limpia y más residuos que gestionar.

Se cultiva cuando los incendios forestales se convierten en rutina y no en escándalo; cuando la prevención no llega; cuando las laderas se vacían y luego se derrumban; cuando primero falta el agua potable y después el agua mata.

Se cultiva cuando quienes cuidan el territorio cargan con los riesgos —fuego, inundación, contaminación, soledad— mientras otros recogen los beneficios sin pisar el terreno.

El comentario reciente de Castaño y Nogal sobre Derechos Humanos y territorios en sombra ha confirmado una realidad que muchos conocen y pocos formulan: existe un público amplio, diverso y cualificado —agricultores, técnicos, investigadores, gestores, docentes, responsables públicos— que reconoce esta verdad cuando se escribe sin propaganda, con conocimiento del territorio y con responsabilidad moral. No se ha leído por su extensión, sino por su densidad. No por su tono, sino porque habla de lo que sostiene la vida.

Por eso, en un tiempo marcado por el cambio climático, por la crisis del agua, por la fragilidad de los sistemas alimentarios y por el aumento de catástrofes naturales, ya no basta con declaraciones universales abstractas.

Es necesario avanzar hacia una Declaración Universal de los Derechos Rurales (DUDR).

Una declaración que complemente y haga operativa la Declaración Universal de 1948, asumiendo una evidencia insoslayable: la igualdad formal no garantiza la igualdad real cuando el territorio decide quién accede a los derechos y quién asume los riesgos.

Una DUDR que reconozca, sin ambigüedades:

  • el derecho al agua potable, a los suelos que la filtran y a los bosques que la regulan;
  • el derecho a la prevención efectiva frente a incendios, inundaciones y siniestros naturales;
  • el derecho a producir alimentos sin ser expulsado por precios, normas o abandono institucional;
  • el derecho a un medio ambiente sano, a un aire limpio y a un territorio cuidado;
  • el derecho a permanecer, volver y transmitir oficio, cultura y conocimiento.

No se trata de privilegios rurales.

Se trata de responsabilidad humana compartida.

Desde Castaño y Nogal, con los pies en los lodos del Donsal y la mirada puesta en las generaciones que vienen, afirmamos algo sencillo y exigente a la vez:

sin derechos rurales, los derechos humanos no se sostienen; se enuncian, pero no se cumplen.

Poema de cierre

No hay derechos humanos en el campo
si la prisa del mercado guía el tractor
y las manos que siembran obedecen
a un precio dictado lejos de la lluvia.

No hay igualdad
cuando los usos del suelo se deciden en despachos
que no leen en el musgo ni en el liquen
la salud del aire que todos respiramos.

Habrá dignidad rural
cuando el mundo comprenda
que el pan empieza en la tierra,
que el agua se defiende antes de ser escasez o riada,
que el bosque es pulmón y no decorado,
y que quien cuida el origen de la vida
no puede vivir al final de la fila.

Comentarios Comentarios desactivados en HACIA UNA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS RURALES (DUDR)

El 10 de diciembre de 1948, el mundo proclamó que toda persona nace “libre e igual en dignidad y derechos”.
Hoy, setenta y siete años después, esa promesa sigue rota en demasiados lugares.

En Palestina, la vida se entierra con la tierra.
En Ucrania, la guerra disuelve hogares e infancia.
En el Sahel, el hambre y la violencia sustituyen derechos fundamentales.

Pero las sombras no están solo lejos.
También habitan en pleno corazón de la Unión Europea, en España, en Galicia y en la provincia de Lugo, donde existen territorios que nunca han disfrutado de la igualdad -formalmente- proclamada.

Os Ancares lo sabe: siglos y décadas acumulados sin infraestructuras dignas, sin atención sanitaria cercana, sin transporte fiable, sin prevención real frente a los incendios, sin concentración parcelaria, sin un plan efectivo para conservar ríos, montes, pallozas, molinos, castros, patrimonio natural y memoria.
Mientras el progreso llegaba a otros lugares, aquí generaciones enteras tuvieron que marcharse antes de que los servicios básicos aparecieran. No fue emigración: fue expulsión silenciosa, acumulada a golpe de ausencia pública.

La desigualdad también se escribe cada año en los presupuestos:
fondos para la cohesión que no cohesionan, inversiones que se repiten en las capitales mientras el rural profundo sigue esperando, políticas demográficas que no ven al territorio que más sangra.

Peor aún, existe un feudalismo moderno: arbitrariedad, clientelismo, programas sin ejecutar, subvenciones aprobadas que no se pagan y silencios administrativos que castigan a quienes defienden lo común.

Quienes ocupan cargos públicos juraron cumplir la Constitución y proteger la igualdad. Ese juramento incluye asegurar educación, vivienda, cultura, sanidad, un medio ambiente sano y la dignidad de quedarse o volver sin sentirse castigado por nacer en un lugar olvidado.

Desde Castaño y Nogal, nacida al pie de los valles y caminos de Quintá de Cancelada, sabemos que los derechos humanos no son frases solemnes:
son aire limpio, agua segura, montes protegidos, memoria viva y oportunidades reales, no otorgadas como favores sino garantizadas como derechos.

Este 10 de diciembre no celebramos: reclamamos.
Para los territorios en sombra exigimos lo que nunca debió negarse:

> derechos, no dádivas;
> los que el mundo proclamó en 1948;
> los que la Constitución consagró en 1978 como exigencia del Estado;
> los que ninguna autoridad puede vulnerar con la excusa del territorio ni con la tinta de una resolución injusta.

TERRITORIOS EN SOMBRA

No hay derechos humanos
donde un niño aprende a huir antes que a leer.

No hay igualdad
donde el mapa decide quién merece futuro y quién no.

No hay justicia
cuando la montaña sostiene al país
y el país deja caer a la montaña.

En Ancares —como en Palestina, Ucrania o el Sahel—
la dignidad es aire, agua, memoria
y el derecho a no desaparecer del mapa.

Un país sin sus montañas conserva el nombre,
pero pierde el alma.

FIN

Comentarios Comentarios desactivados en DERECHOS HUMANOS: LO QUE EL MAPA OCULTA

AnclaA veces la historia revela, sin necesidad de acusar, lo que cargos de las Administraciones nunca hicieron. Entre 1921 y 1933, la Universidad de Hamburgo envió al doctor Fritz Krüger y a su doctorando Walter Ebeling a recorrer a pie y a caballo las aldeas más remotas de Cancelada, Becerreá, Cervantes y Navia de Suarna. Buscaban lengua, palabras, nombres, territorio, cultura material y modos de vida preservados por el aislamiento geográfico.

Mientras ellos estudiaban —con rigor europeo y cuadernos de campo— vestigios de un tesoro etnográfico único en A Cortella, Barbeitas, Vilachá, Guilfrei o San Román, cargos del Estado, de la Deputación de Lugo y, desde 1981, de la Xunta no pisaron esas aldeas hasta casi un siglo después.

La montaña lucense entró antes en los mapas lingüísticos y etnográficos de Europa que en las prioridades de las Administraciones españolas. En 1928, la investigación alemana ya valoraba estas aldeas como un laboratorio natural de cultura rural. El contraste es claro: un catedrático y un doctorando alemanes reconocieron este patrimonio setenta años antes que nuestras instituciones.

Cómo llegó Hamburgo cuando España no llegó

La pregunta sigue abierta: ¿cómo supo la Facultad de Lenguas y Romanística de Hamburgo que Cancelada conservaba uno de los repertorios rurales más antiguos del noroeste ibérico?

La explicación es científica y metódica. Krüger ya había investigado Zamora, León y el sur de Lugo (1921–1922), Tras-os-Montes y Minho (1924) y el suroeste de Asturias (1927). La montaña lucense era el siguiente paso lógico en su cartografía cultural. Llegaron por rigor y sensibilidad investigadora; no por azar.

1928: dos alemanes preguntando por regatos, picos y vientos

En 1928 —año del nacimiento en Freixo da Fonsagrada de Serafina González Fernández, expresidenta de Honor de CyN— dos investigadores alemanes caminaban por las corredoiras de Cancelada y Os Ancares anotando lo que jamás había sido escrito:

  • “¿Cómo se llama este regato?”

  • “¿Y este pico?”

  • “¿Cómo llaman aquí al viento del norte?”

Los vecinos respondían con prudencia, no por desconfianza, sino por memoria histórica. Un labriego resumió la época en una frase que hoy estremece:

Se ve claramente: los alemanes quieren conocer nuestro terreno… ya están preparando la próxima guerra.” (Krüger, 1956:9)

Pese al temor, compartieron sus nombres, lengua, aperos, tareas y cultura doméstica y agrícola. Esa generosidad campesina —la sabiduría rural sin artificio— sigue viva un siglo después. Lo que faltó entonces, y aún hoy, fue la presencia seria y continuada de las instituciones.

Los objetos hablaron antes que las Administraciones

En tres a cinco campañas —material base de más de 28 tesis doctorales— Ebeling documentó arados de Vilachá, yugos y aperos de Guilfrei y Becerreá, gaitas de fol, chocolateras, carros, herramientas, utensilios de cocina, arquitectura tradicional, pallozas, techos de losas, cuadras, alvarizas, labores de maja y escenas familiares en la lareira y en la era.

Ese mundo —que aquí nadie inventariaba— fue estudiado y catalogado en Hamburgo y en el Museum für Völkerkunde, mientras muchas aldeas de Os Ancares siguieron décadas sin luz eléctrica, sin pistas adecuadas y sin protección cultural.

La ausencia de acción pública (1933–1988)

Durante casi un siglo no hubo inventarios etnográficos, catalogación, planificación territorial ni programas de conservación. Ni el Estado, ni la Deputación, ni la Xunta actuaron, pese a que la montaña lucense había sido reconocida internacionalmente desde 1921.

Incluso después de la moción del Pleno de Becerreá (26/09/2018) instando formalmente a catalogar y proteger el patrimonio etnográfico, la respuesta institucional fue el silencio y la inacción.

La sociedad civil hizo lo que no hicieron las Administraciones

Desde 2008, CyN ha recuperado caminos históricos, regatos, ouriceiras, sendas, patrimonio agrario, memoria oral y biodiversidad, con voluntariado de dieciocho países, de España y de varios cantautores que dejaron huella. Ese trabajo permitió reconstruir el antiguo eje de comunicación y vida rural reflejado en la PR-G 159 Quintá–Río Donsal, hoy candidata a Sendero Azul 2026.

El reconocimiento internacional al que aspira esta ruta es fruto de nativos ausentes, residentes, voluntariado, cooperantes y algunos concellos, no de la actuación sistemática de las Administraciones.

Conclusión

Hace un siglo, Krüger y Ebeling buscaban términos, verdad, cultura y humanidad. Y la encontraron en Cancelada y Os Ancares, en la dignidad de sus gentes y en un patrimonio que sobrevivía por la fuerza de la comunidad, no por la acción de sus instituciones.

Un siglo después, esa verdad permanece, agravada por la pérdida del 73 % de la población.

La pregunta final, intacta desde 1928 y desde el S.O.S. de CyN en 2018, es la misma:¿Hasta cuándo?

AnclaVERSIÓN EN GALEGO

CATEDRÁTICOS DA UNIVERSIDADE DE HAMBURGO VISITARON CANCELADA ANTES CA CARGOS E TÉCNICOS DO ESTADO, DEPUTACIÓN E XUNTA

Ás veces a historia revela, sen necesidade de acusar, o que as Administracións nunca fixeron. Entre 1921 e 1933, a Universidade de Hamburgo enviou o doutor Fritz Krüger e mais o seu doutorando Walter Ebeling a percorrer a pé e a cabalo as aldeas máis remotas de Cancelada, Becerreá, Cervantes e Navia de Suarna. Buscaban lingua, palabras, nomes, territorio, cultura material e modos de vida preservados polo illamento xeográfico.

Mentres eles estudaban —con rigor europeo e cadernos de campo— os vestixios dun tesouro etnográfico único en A Cortella, Barbeitas, Vilachá, Guilfrei ou San Román, cargos do Estado, da Deputación de Lugo e, desde 1981, da Xunta non pisaron esas aldeas ata case un século despois.

A montaña lucense entrou antes nos mapas lingüísticos e etnográficos de Europa ca nas prioridades das Administracións españolas. En 1928, a investigación alemá xa valoraba estas aldeas como un laboratorio natural de cultura rural. O contraste é evidente: un catedrático e un doutorando alemáns recoñeceron este patrimonio setenta anos antes ca as nosas institucións.

Como chegou Hamburgo onde non chegou España

A pregunta segue aberta: como soubo a Universidade de Hamburgo que Cancelada conservaba un dos repertorios rurais máis antigos do noroeste ibérico?

A resposta é científica. Krüger investigara xa Zamora, León e o sur de Lugo (1921–1922), Tras-os-Montes e Minho (1924) e o suroeste de Asturias (1927).
A montaña lucense era o paso lóxico na súa cartografía cultural. Chegaron por rigor e sensibilidade investigadora; non por azar.

1928: dous alemáns preguntando por regatos, picos e ventos

En 1928 —ano do nacemento en Freixo da Fonsagrada de Serafina González Fernández, expresidenta de Honra de CyN— dous investigadores alemáns percorrían corredoiras de Cancelada e dos Ancares anotando o que nunca fora escrito:

  • “Como se chama este regato?”

  • “E este pico?”

  • “Como lle chaman aquí ao vento do norte?”

Os veciños respondían con prudencia, non por desconfianza, senón por memoria histórica. Un labrego resumiu así a época:

Ben se ve: os alemáns queren coñecer o noso terreo… xa estarán preparando a próxima guerra.”

A pesar do temor, compartiron nomes, lingua, aperos, tarefas e cultura doméstica e agrícola. Esa xenerosidade rural continúa viva un século despois. O que faltou entón —e hoxe en parte— foi unha presenza institucional seria e continuada.

Os obxectos falaron antes ca as Administracións

En tres a cinco campañas —base de máis de 28 teses doutorais— Ebeling documentou arados de Vilachá, xugos e aperos de Guilfrei e Becerreá, gaitas de fol, chocolateras, carros, ferramentas, utensilios, arquitectura tradicional, pallozas, teitos de lousa, cortes, alvarizas, labores de maza e escenas familiares na lareira e na eira.

Ese mundo —que aquí ninguén inventariaba— foi estudado en Hamburgo e no Museum für Völkerkunde, mentres moitas aldeas dos Ancares seguiron décadas sen luz eléctrica, sen pistas e sen protección cultural.

A ausencia de acción pública (1933–1988)

Durante case un século non houbo inventarios, catalogación, planificación nin programas de conservación.
Nin o Estado, nin a Deputación, nin a Xunta actuaron, malia que a montaña lucense fora recoñecida internacionalmente desde 1921

Nin sequera despois da moción do Pleno de Becerreá (26/09/2018), que instaba formalmente a protexer o patrimonio etnográfico, non houbo resposta, por silencio

A sociedade civil fixo o que non fixeron as Administracións

Desde 2008, CyN recuperou camiños históricos, regatos, ouriceiras, sendas, patrimonio agrario, memoria oral e biodiversidade, con voluntariado de dezaoito países, de España e con cantautores que deixaron pegada.
Así se reconstruíu o antigo eixo de vida rural que hoxe vertebra a PR-G 159 Quintá–Río Donsal, candidata a Sendero Azul 2026.

O recoñecemento internacional desta ruta débese aos nativos ausentes, residentes, voluntariado, cooperantes e concellos colaboradores, non á acción continuada das Administracións.

Conclusión
Hai un século, Krüger e Ebeling buscaban termos, verdade, cultura e humanidade, e atopáronos en Cancelada e nos Ancares, na dignidade da súa xente e nun patrimonio que sobrevivía pola forza da comunidade.

Hoxe, esa verdade permanece, agravada pola perda do 73 % da poboación.

A pregunta final, intacta desde 1928 e desde o S.O.S. de 2018, é a mesma: ¿Ata cando?

AnclaVERSIÓN EN INGLÉS

HAMBURG UNIVERSITY SCHOLARS REACHED CANCELADA DECADES BEFORE THE SPANISH STATE, THE PROVINCIAL GOVERNMENT AND THE XUNTA

Sometimes history reveals—without the need for accusation—what public administrations never did. Between 1921 and 1933, the University of Hamburg sent Dr Fritz Krüger and his doctoral student Walter Ebeling to travel on foot and horseback through the most remote villages of Cancelada, Becerreá, Cervantes and Navia de Suarna. They sought language, words, place names, territory, material culture and ways of life preserved by geographical isolation.

While they documented—with scientific rigour and field notebooks—the traces of a unique ethnographic treasure in A Cortella, Barbeitas, Vilachá, Guilfrei and San Román, officials of the Spanish State, the Provincial Government of Lugo and, from 1981 onwards, the Xunta de Galicia did not set foot in those villages for nearly a century.

The Ancares mountains appeared earlier in European linguistic and ethnographic maps than in the priorities of Spanish administrations. In 1928 German research already regarded these villages as a natural laboratory of rural culture. The contrast is stark: a German professor and his doctoral student recognised this value seventy years before our own institutions did.

How Hamburg arrived where Spain did not

A question remains: how did the University of Hamburg know that Cancelada preserved one of the oldest rural repertories in the northwest of the Iberian Peninsula?

The explanation is scientific. Krüger had already studied Zamora, León and southern Lugo (1921–1922), Tras-os-Montes and Minho (1924) and south-western Asturias (1927).
The Ancares mountains were the logical next step in his cultural map.

1928: two Germans asking about streams, peaks and winds

In 1928—the birth year of Serafina González Fernández, Honorary President of CyN—two German scholars walked the ancient paths of Cancelada and the Ancares asking:

• “What is the name of this stream?”
• “And that peak?”
• “What do you call the northern wind?”

Villagers answered cautiously, not out of distrust but out of historical memory. One farmer summed it up:

It is clear: the Germans want to know our land… they must be preparing the next war.”
Despite their fears, they shared names, language, tools, tasks and cultural knowledge—the rural wisdom that survives without pretension.

Objects spoke before the administrations did

Over three to five field campaigns—the basis for more than 28 doctoral theses—Ebeling documented ploughs from Vilachá, yokes and farm tools from Guilfrei and Becerreá, bagpipes, chocolate pots, carts, domestic utensils, traditional architecture, slate roofs, barns, alvarizas, and scenes of daily rural life.

That world—never inventoried in Galicia—was preserved and studied in Hamburg and in the Museum für Völkerkunde, while many Ancares villages remained for decades without electricity, proper paths or cultural protection.

The absence of public action (1933–1988)

For almost a century there were no ethnographic inventories, no cataloguing, no conservation programmes and no territorial planning. Neither the State, nor the Provincial Government, nor the Xunta acted, even though the area had been internationally recognised since 1921.

Not even after the Becerreá Council motion (26/09/2018) urging formal protection of the ethnographic heritage was there a sufficient institutional response.

Civil society did what public administrations did not

Since 2008, CyN has restored historic paths, streams, chestnut-drying structures, farmland heritage, oral memory and biodiversity, with volunteers from 18 countries, Spain and several visiting musicians.

This effort rebuilt the ancestral communication route now embodied in the PR-G 159 Quintá–Río Donsal, candidate for Sendero Azul 2026.

Conclusion (Corrected and Stronger)

A century ago, Krüger and Ebeling sought truth, words, culture and humanity—and found them in Cancelada and the Ancares, in the dignity of their people, not in governmental action.

That truth remains today, worsened by a 73% population loss.
The question, unchanged since 1928 and since CyN’s 2018 S.O.S., is still the same:

How much longer?

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