OBRA DE LAS PENDIENTES: Una película sin sonido en Os Ancares (cine mudo)
Publicado por: acn en General
Antes de que existiera expediente, hubo paso.
Antes de que hubiera nombre oficial, hubo pendiente.
La niebla baja no tapa el camino: lo revela. La piedra mojada guarda memoria. La rodadura antigua no desaparece; se hunde y queda. Aquí el tiempo no corre: se deposita. En Os Ancares las cosas que duran no empiezan en un despacho, empiezan en la tierra, en la sociedad civil.
Todo es como los ríos: obra de las pendientes.
Un día, una mesa de madera sostuvo un mapa. No era un plano; era una decisión. Mirarlo implicaba hacerse cargo. Nadie habló de subvenciones ni de plazos. Se habló de cumplir. Y cuando se cumple, el tiempo cambia de dirección.
Primero, acordar. Después, cumplir.
Las manos llegaron antes que las palabras. Cortar silvas, maleza, apartar árboles y ramas, arrastrar troncos. Un metro. Luego otro. El cansancio no se escondía; enseñaba el método. El camino empezó a existir porque alguien lo sostuvo con el cuerpo.
Llegaron acentos distintos, mochilas, miradas atentas. No se compartía idioma, se compartía gesto. El trabajo se aprendía mirando, observando y trabajando. Señalar una rama. Mostrar una herramienta. Repetir hasta que el gesto trasformara la escultura natural.
No entendíamos el idioma. Entendimos el gesto.
La cocina fue escuela. El horno, taller. La mesa, infraestructura humana. Allí cabían los idiomas sin traducción. No era fiesta: era comunidad funcional. El pan salía. La empanada cerraba. Las manos jóvenes aprendían sin humillación. Las mayores enseñaban sin ruido.
Aquí se molía para vivir.
El monte respondió. Castaños viejos, ouriceiras en el suelo, corredoiras y viejas sendas que guardan historias duras. Antes, enfermar era un viaje cuesta arriba, por el aislamiento. La camilla improvisada avanzaba despacio. El silencio pesaba. El paisaje no era postal: era sistema de vida.
Antes, enfermar era un viaje.
Hubo quien entendió pronto que un camino es arquitectura moral. Hubo método, cuidado, seguridad y responsabilidad. La cultura local no se perdió: se escribió, se cantó, se compartió. Cuando el poder calla, la cultura responde. Y queda.
Cuando el poder calla, la cultura responde.
Pasaron los años y llegó otro silencio: el administrativo. Papeles con solicitudes e invitaciones que esperan. Registros que duermen. Mientras tanto, el cuerpo seguía en movimiento. Limpiar en verano y en invierno. Mantener en Navidad. La hierba, la maleza y la caída de árboles no entienden de calendarios ni respuestas oficiales, que no llegan.
Aquí la Navidad es mantenimiento.
También hubo un trabajo invisible: documentar, archivar, traducir, contar. Porque lo que no se cuenta, no existe. Y el camino existía: en huellas repetidas, mapas doblados, en notas de prensa que no vieron la luz y en documentos que quedaron sin respuesta ni espacio público. La ausencia también deja rastro.
Un camino existe cuando alguien lo camina.
Llegaron reconocimientos. No como trofeo, sino como constancia de comprensión exterior. Y llegaron las ausencias. Menos manos. Más carga. El silencio también pesa cuando no responde nadie.
El silencio también es un hecho.
El agua siguió. El río no discute: continúa. Algunos regresaron años después. Miraron el mismo punto. No explicaron nada. No hacía falta. Aquí quedaron cosas.
Algunos regresan porque aquí quedaron.
El mismo encuadre del inicio vuelve ahora. La corredoira es transitable sin perder alma. El tiempo se ve por comparación. No hay final feliz. Hay deber.
No es final. Es deber.
En Os Ancares el tiempo se mide por pendientes.
Y en ese reloj hubo quien no miró para otro lado.
Este relato fue publicado inicialmente en Facebook y forma parte de una serie de guiones de cine mudo sobre la memoria rural de Os Ancares.









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