Luz, silencio y naturaleza viva en las cuencas de montaña de Os Ancares Quintá–Río Donsal, PR-G 159 · Sendero Azul 2026
Hay otoños que no se contemplan solamente con los ojos. Se respiran, se escuchan y se sienten bajo los pies. El de este sábado, 24 de octubre, en la cuenca del río Donsal, nos ha regalado una de esas jornadas en las que la naturaleza invita a caminar sin prisas, observar y descubrir cuánto puede ofrecer una montaña cuando se aprende a mirar.
La mañana comenzó envuelta en niebla, como si las fragas quisieran reservarse sus secretos. Pero, avanzada la mañana, el sol abrió paso a un cielo azul radiante, con temperaturas entre los 12 y los 19 grados. Bajo el palio de castaños y robles, la luz entraba tamizada, dibujando claros y sombras sobre la senda y los viejos caminos recuperados.
Y llegó la primera sorpresa: un otoño que parecía haber retrocedido para devolver el verdor a parte de sus árboles. Frente a la apariencia preotoñal de primeros de octubre, algunas copas mostraban ahora un verde inesperado, mientras otras avanzaban hacia los ocres, dorados y rojizos propios de la estación. Una impresión visual que no deja de sorprender, aunque el calendario vegetal siga su curso y cada especie responda de manera diferente a la luz, la humedad y la temperatura.
Los tonos cobrizos, las hojas amarillentas, los verdes persistentes y los marrones de la hojarasca componían una paleta cambiante. Bajo los pies, las hojas secas alfombraban la senda; sobre nuestras cabezas, las copas conservaban todavía parte de su vigor. Arriba, la vida que resiste; abajo, las hojas que regresan a la tierra para alimentar la vida que vendrá.
También los castaños habían dejado sus frutos. Erizos abiertos y castañas brillantes aparecían entre las hojas y en los márgenes del camino. Algunas parecían más pequeñas que en otros años, acaso por los efectos de la sequía del pasado verano. Son las señales discretas de un bosque que acusa las condiciones climáticas y, al mismo tiempo, mantiene sus ciclos de renovación.
Pero uno de los espectáculos más hermosos permanecía junto al río, donde los viejos muros de piedra, los troncos de árboles centenarios y las rocas seguían revestidos de espesos mantos de musgo verde, tan intensos que parecían recién nacidos. Una arquitectura natural sobre otra construida por generaciones anteriores: musgo y piedra, raíces y madera, humedad y sombra.
Allí la fraga conserva su particular microclima. Los musgos y líquenes, sensibles a las condiciones ambientales de sus respectivos hábitats, forman parte de esa riqueza biológica que merece detenerse a observar. Algunos líquenes pasan más inadvertidos entre el follaje todavía abundante; cuando las ramas se desnuden, sus formas volverán a destacar sobre la madera.
El Donsal, entretanto, hablaba casi en voz baja. Su caudal, muy reducido en esta jornada, apenas alimentaba los saltos y pequeñas cascadas que, en otras estaciones, acompañan al caminante con su música de agua. Faltaban aquellos teclados líquidos del río, las notas cambiantes de sus rápidos y remansos.
Y, sin embargo, el silencio tenía su propia grandeza.
Era un silencio tan profundo que podíamos escuchar nuestros pasos sobre las hojas. Ni bullicio ni prisas. Solo la presencia del bosque y esa serenidad que difícilmente se encuentra en los espacios dominados por el tráfico, el ruido y la actividad cotidiana.
A veces, el mayor lujo de una ruta no consiste en llegar más lejos, sino en poder detenerse y escuchar lo que el silencio nos dice.
Nos acompañó Faro, un mastín de apenas cinco meses, aunque su tamaño comienza ya a desmentir su edad. Está creciendo y aprendiendo a desenvolverse en estos caminos, con la vocación de convertirse, como sus predecesores de la misma raza, en compañero y protector de senderistas. También descubrió las castañas caídas, aunque las primeras que probó no parecieron entusiasmarle demasiado.
La jornada nos ofreció, además, lo mejor del senderismo: el encuentro entre personas y territorios. Coincidimos y orientamos en algunos tramos a visitantes de Oleiros, a senderistas argentinos con raíces familiares en Trascastro, en O Incio, y a un pequeño grupo procedente de Lugo. Entre el viernes y este sábado recibimos también consultas para próximos recorridos desde El Bierzo, Santiago de Compostela y Vigo.
Estas visitas y contactos, unidos a la presencia creciente de caminantes de otras procedencias y países, apuntan a un comienzo prometedor de la temporada senderista 2026-2027.
Y aquí reside otra dimensión del PR-G 159 que conviene recordar.
Esta senda no surgió por generación espontánea ni fue un regalo del azar. Detrás de sus pasos, señales y accesos recuperados hay años de iniciativa civil, cooperación, voluntariado internacional, esfuerzo material y mantenimiento continuado. La Asociación Castaño y Nogal impulsó desde Quintá de Cancelada un proyecto que convirtió caminos en riesgo de desaparición y recursos naturales infravalorados en una oportunidad de conocimiento, disfrute y dignificación de la montaña rural.
La homologación del PR-G 159 y su reconocimiento como Sendero Azul 2026 representan hitos de ese trabajo. Pero el reconocimiento más auténtico sigue llegando cada vez que alguien recorre sus caminos, descubre la riqueza de sus fragas y comprende que estos paisajes merecían salir del olvido.
Desde Castaño y Nogal invitamos a nuestros seguidores y también a quienes todavía no nos conocen a descubrir el Donsal sin convertir los kilómetros en una competición. Recomendamos consultar previamente los itinerarios, derivaciones, accesos e información práctica disponibles en nuestra página web y elegir los recorridos adecuados a las condiciones y posibilidades de cada persona.
No es necesario caminar los 18,2 kilómetros de la ruta completa para llevarse una experiencia memorable. A veces basta un tramo de fraga, un viejo muro cubierto de musgo, un castaño centenario, una mirada hacia la cuenca o unos minutos de silencio junto al río.
Porque el verdadero valor de esta ruta no se mide solamente en distancias ni desniveles. Se mide en patrimonio recuperado, en naturaleza respetada, en visitantes que regresan y en una comarca que conserva razones para mirar al futuro.
El otoño no apaga el Donsal: lo transforma. Y cada transformación nos invita a volver.
Texto y fotos Antonio Álavaez González, presidente CyN · 24 de octubre de 2026
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