Hemeroteca del mes julio 2026

De la desaparición de explotaciones familiares a la pérdida del mosaico rural: lo que debe auditarse antes de que vuelva a arder

Prados, arbolado, cauce y presencia humana, un mosaico rural que reduce la continuidad del combustible.

La chispa puede iniciar un incendio. La devastación, sin embargo, se prepara durante años: desaparecen explotaciones agrarias y ganaderas familiares, retrocede el pastoreo, se abandonan tierras y caminos, aumenta la continuidad de la vegetación y la prevención queda reducida a planes, presupuestos o actuaciones sin control público ni verificación material suficientes. El fuego encuentra así un territorio con menos población activa, menos usos productivos y más combustible conectado.

Los Censos Agrarios muestran la magnitud de esta transformación. España pasó de 2.284.944 explotaciones en 1989 a 914.871 en 2020: 1.370.073 menos, un 60,0 %. Entre 1999 -referencia oficial más próxima al 1 de enero de 2001- y 2020, la reducción fue de 875.291 explotaciones, un 48,9 %. Es una diferencia censal acreditada; sin depuración metodológica y registral, no permite identificar cada unidad con el cierre de una explotación familiar ni imputar por sí sola el resultado a una política concreta.

Para el territorio no basta contar explotaciones o cabezas de ganado. Hay que saber cuántas unidades seguían en manos familiares, cuánto trabajo aportaban, qué orientación agrícola, ganadera o mixta mantenían, cuántas hectáreas se pastaban realmente y qué ocurrió después con huertas, prados, viñedos y parcelas abandonadas. Las explotaciones mixtas sostienen discontinuidades -cultivos, pastos, setos, caminos y monte- que limitan la continuidad del combustible. Su desaparición puede alterar más el paisaje que la pérdida de una unidad intensiva sin presencia territorial equivalente.

Extinción aérea, imprescindible ante la emergencia, pero incapaz de sustituir una prevención territorial continua y verificable.

La Política Agraria Común debe examinarse con el mismo rigor. La Unión Europea diseñó marcos y financió medidas; el Estado coordinó, legisló y canalizó fondos; las comunidades autónomas convocaron, autorizaron, controlaron y pagaron buena parte de las actuaciones; diputaciones, cabildos y municipios asumieron funciones locales; y propietarios y gestores conservaron obligaciones propias. Debe reconstruirse el efecto territorial de las primas de abandono o arranque, la jubilación anticipada, la forestación de tierras agrarias, la modernización, la concentración productiva y el desarrollo rural, distinguiendo asignación, compromiso, pago, ejecución física y resultado.

Tampoco toda superficie forestal es plantación ni toda especie es foránea. Deben diferenciarse la expansión natural, la repoblación, la plantación comercial y el abandono, así como especie, densidad, titularidad y proximidad a viviendas. España no dispone de una anchura única de fajas o cortafuegos aplicable a todos los montes y núcleos: la legislación básica estatal se completa con normas autonómicas, planes de prevención, ordenanzas municipales, proyectos de urbanización y obligaciones de propietarios. La verificación exige identificar la norma vigente, el responsable, la ejecución y el mantenimiento real en cada territorio.

MATRIZ MÍNIMA DE INVESTIGACIÓN TERRITORIAL

Adaptaciones y retos inaplazables

La prevención debe poder verse y comprobarse: caminos abiertos; fajas de gestión de biomasa con anchura técnicamente suficiente, ejecutadas y mantenidas; puntos de agua operativos; parcelas identificadas; fechas, costes, responsables, certificaciones y resultados. Un plan, una memoria o un presupuesto no prueban por sí solos la ejecución material. La cuenta pública debe llegar hasta la parcela y cruzarse con la superficie finalmente quemada.

La Unión Europea, el Estado, las comunidades autónomas, las Cortes Generales y los parlamentos autonómicos, las fiscalías, los juzgados y los órganos de control deben abordar esta materia en serio. Deben examinar la cadena con datos verificables e incorporar la experiencia de quienes perdieron viviendas, explotaciones, ganado y patrimonio; de universidades y expertos independientes; y de quienes arriesgaron su vida en la prevención y la extinción.

Investigar no es condenar: es comprobar si la devastación pudo agravarse por decisiones, incumplimientos u omisiones evitables.

Esta sí es una prioridad territorial, medioambiental, constitucional, ejecutiva, social y democrática en la España de julio de 2026.

Serie nacional de explotaciones censadas. La cifra expresa una diferencia entre censos y exige depuración antes de identificar cierres familiares o atribuir causas.

La trazabilidad exige seguir la asignación, la contratación, la ejecución, la certificación y el resultado hasta la parcela y la superficie finalmente quemada.

FUENTES PRINCIPALES:
INE, Censos Agrarios 1989, 1999, 2009 y 2020; Eurostat, Farm Structure Surveys; MAPA y FEGA, Anuarios de Estadística, Encuestas Ganaderas, Registro Vitícola y Red Contable Agraria; MITECO, Inventario Forestal Nacional, Mapa Forestal y Estadística General de Incendios Forestales; Comisión Europea, DG AGRI, FEAGA y FEADER; Ministerio de Hacienda e IGAE, presupuestos y cuentas públicas; normativa y planes de las comunidades autónomas; INE/IGE e institutos autonómicos, Padrón, Nomenclátor y migraciones; universidades españolas, TESEO, Dialnet y repositorios de investigación.

Asociación Castaño y Nogal (CyN) · Antonio Álvarez González

Comentarios Comentarios desactivados en LOS INCENDIOS DE 2026 SE COCINARON DURANTE TRES DÉCADAS

Crónica muda del Donsal para un país que cuenta hectáreas incineradas, archiva preguntas y llega tarde al bosque, al monte y a los núcleos rurales.

El musgo escanea microclima y cuenta gotas

El musgo no adorna una metáfora.

Registra.

Cuenta las gotas que quedan en la piedra, la sombra que aguanta bajo el roble y el momento exacto en que una fuente empieza a hablar más bajo.

No lleva estadística, pero no falla.

«Eu non leo plans. Leo auga».

En la huerta, uºna madre reparte el agua como quien reparte un pan escaso. Un cazo para las patatas. Medio para los pimientos. Otro para los tomates. Lo que queda, para las lechugas, criaturas teatrales que se desmayan con gran aparato y resucitan con un hilo de agua.

«Eu non entendo de competencias. Entendo de sede», protesta una.

La madre no sonríe.

Sabe que la huerta no es una estampa costumbrista. Es alimento, presencia, suelo trabajado, humedad y una discontinuidad viva delante del fuego.

Donde alguien riega, poda, recoge y vuelve mañana, el abandono lo tiene más difícil.

Arriba, las copas celebran su propio parlamento.

El castaño da sombra.

El roble da tiempo.

El cerezo da flor.

El nogal guarda frescor.

El abedul avisa cuando falta agua.

Llega una hoja oficial y resume aquel mundo en una palabra:

ÁRBOLES.

Las copas se miran y ríen sin ruido.

No todo lo verde es bosque. No todo bosque protege igual.

Una plantación uniforme, sin mantenimiento y pegada a una vivienda puede convertirse en continuidad de combustible. Un bosque autóctono diverso, con agua, agricultura, pastoreo, caminos y presencia humana ofrece otra resistencia.

Por eso la prevención no se improvisa en julio.

Se trabaja cuando no hay cámaras: en otoño, invierno y primavera.

Las abejas entran y salen de las colmenas. Trabajan sin gabinete de comunicación.

«Polinización executada. Sen inauguración, sen dietas, sen rolda de prensa».

El corzo aparece al atardecer. Un agente busca su nombre en la tableta.

La sed también tiene memoria, que registra la huerta

NON CONSTA.

El corzo vuelve la cabeza:

«Non consto. Pero cando arde, corro igual».

Después llegan quienes sí pisan el terreno. Giulia y otras personas cargan madera, limpian un paso, reparan una barandilla y abren un camino.

«Vin de Italia para coñecer o rural. Acabei coñecendo a distancia entre un despacho e unha fonte».

La claqueta recuerda el expediente que el monte conserva:

12 campos internacionales y regionales.

107 voluntarios.

18 países.

Más de 31.000 horas.

Un funcionario muestra doscientas páginas:

TRABAJO PREVISTO.

Giulia levanta una:

TRABAJO HECHO.

El papel pesa más.

El camino, sin embargo, se abre del lado de Giulia.

Y entonces llega la comitiva.

El portavoz aparece peinado, planchado y adecuadamente compungido. Detrás, una ladera negra. Delante, varios micrófonos.

La prevención no ha llegado, pero la comparecencia es puntual.

«Todos los medios están activados».

El pastor mira la maleza acumulada durante meses:

«Os medios chegaron. A prevención era a que non vivía aquí».

La frase no acusa a quienes extinguen.

Brigadistas, bomberos, agentes, sanitarios y vecinos entran en el fuego cuando otros plazos ya vencieron.

Lo indecente es pedirles que resuelvan en horas lo que no se trabajó durante estaciones enteras.

La cámara enfoca el peinado.

El viento no lo mueve.

No todo lo verde da la misma sombra. Robles

CARTELA:

LA FAJA DE PROTECCIÓN NO COMPARECIÓ. EL PEINADO, SÍ.

La sátira termina cuando el cielo se vuelve naranja.

El musgo se encoge. Las abejas se agitan. El corzo corre. La madre cierra una ventana y deja la manguera sobre la huerta.

«Cando chegou o lume, eu xa viña minguando», dice la fuente.

El fuego responde:

«Eu non leo expedientes. Léosos coa chama».

A 23 de julio de 2026, CyN trabaja con una cifra superior a 123.000 hectáreas quemadas en España. Según la referencia pública aportada por la Asociación, el presidente del Gobierno señaló el 22 de julio que la superficie afectada cuadruplicaba la registrada en la misma fecha de 2025.

Las hectáreas se cuentan.

Las preguntas, demasiadas veces, se archivan.

¿Qué se planificó?

¿Dónde se ejecutó?

¿Quién lo comprobó?

¿Cuánto costó?

¿Qué quedó en el terreno?

¿Qué protección existía alrededor de las viviendas?

¿Qué puntos de agua funcionaban?

¿Qué caminos permitían entrar?

¿Qué labores de otoño, invierno y primavera se realizaron?

Copernicus puede dibujar la cicatriz. MITECO puede consolidar cifras. Las televisiones pueden mostrar el humo.

Pero ninguna imagen de satélite sustituye la diligencia que comprueba el terreno antes del incendio ni la investigación que examina después las discordancias.

El fuego no prueba por sí solo un delito.

Tampoco concede una amnistía administrativa.

Cuando hay muertes, devastación, recurrencia, dinero público, obligaciones preventivas e indicios objetivos de omisión, investigar no es condenar.

Es negarse a que la ceniza cierre el expediente.

Por eso hacen falta diligencias motivadas en Fiscalías y órganos judiciales cuando proceda.

Por eso deben responder las comunidades autónomas y el Estado.

Y por eso la Unión Europea debe auditar los fondos y las políticas preventivas que financia, no limitarse a cartografiar la cicatriz.

Hacen falta plenos monográficos, no otro turno de frases preparadas.

Que comparezcan cargos actuales y anteriores.

Técnicos.

Funcionarios.

Interventores.

Agentes medioambientales.

Brigadistas forestales.

Bomberos rurales.

Alcaldes.

Agricultores.

Ganaderos.

Comunidades de montes.

Asociaciones.

Universidades.

Que lleven los planes, los contratos, las coordenadas, las fotografías, las facturas y los resultados de los últimos veinticinco años.

Que respondan:

Qué.

Dónde.

Cuándo.

Quién.

Cuánto.

Resultado.

No es un juicio televisivo.

Es memoria pública.

Y hay una paradoja que CyN conoce de cerca.

Según su documentación, ejecutó, pagó y acreditó trabajos correspondientes a una subvención competitiva de 2.835,75 euros que no fue abonada. La reclamación judicial fue desestimada.

La cifra es pequeña.

El mensaje no.

Si mantener un camino, proteger el agua y adelantar recursos termina castigando a quien trabaja, el abandono ya no es una fatalidad.

Es un resultado administrativo.

La factura de décadas de prevención insuficiente no termina en el parte de extinción. Suma viviendas, agricultura, suelo, agua, biodiversidad, patrimonio, salud y despoblación.

Debe cuantificarse públicamente.

Debe explicarse.

Y debe corregirse.

La película termina donde empieza la prevención:

una fuente accesible;

una huerta regada;

un camino abierto;

un bosque diverso;

brigadas con medios estables;

y alguien que baja a comprobarlo.

El musgo conserva una gota.

LA PREVENCIÓN NO EMPIEZA CUANDO ARDE EL MONTE.

EMPIEZA CUANDO TODAVÍA PARECE QUE NO PASA NADA.

Trabajo de las abejas sin gabinete de comunicación

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