PIEZA DE CINE MUDO PARA CyN: Canteros contra la resignación
Publicado por: acn en GeneralEcos de reconocimiento en la cuenca del Donsal. Dieciséis siglos de demora; dieciséis años de método, hospitalidad y trabajo real en la Ruta Quintá-Río Donsal. Esta pieza puede leerse como cine mudo escrito: se mira, se mide, se desbroza, se drena, se acoge y se persevera hasta convertir un territorio relegado en camino, símbolo y posibilidad. «Los caminos, tejido nervioso del territorio». – Andrés Fernández-Albalat Lois
Quintá en primavera: casas, frutales y montaña abierta al horizonte
Donde la demora se volvió costumbre
En la cuenca del Donsal el drama no entró como una catástrofe súbita, sino como una costumbre. Llegó siglo a siglo, en forma de caminos malos, pendientes sin resolver, núcleos aislados, servicios tardíos, desatención técnica y una resignación aprendida que acabó pareciendo parte del relieve. El territorio era ya el mismo que hoy deslumbra a senderistas, estudiosos y visitantes; lo que faltaba no era belleza, sino decisión para leerla, defenderla y hacerla accesible.
En ese vacío crecieron la emigración, la sensación de periferia y un hábito de silencio: residentes habituados a no pedir demasiado, administraciones acostumbradas a aplazarlo todo y generaciones enteras educadas en la idea de que allí siempre costaría más y valdría menos. La derrota, antes que un hecho, era un clima.
El paso que ya no admitía espera
En la Junta General de noviembre de 2009, la Asociación Castaño y Nogal acordó, a propuesta de su presidencia y con apoyo técnico del arquitecto colaborador, impulsar la promoción del Sendero Quintá-Río Donsal y organizar su primer campo de trabajo con participación de voluntariado. Desde ese momento, una iniciativa nacida del propio territorio y de la sociedad civil comprometida con lo común pasó de la denuncia de carencias a un programa de actuación real y sostenido.
El proyecto se concibió desde el inicio como una actuación medioambiental de puesta en valor del patrimonio natural, cultural, etnográfico y tradicional de la comarca, entendiendo el paisaje y la orografía como base idónea para la práctica del senderismo y para una nueva lectura del lugar.
Patrimonio y paisaje
La conferencia de Andrés Fernández-Albalat Lois dio a esa intuición un lenguaje mayor: el territorio no es un decorado, sino el soporte físico de la vida; el paisaje no existe sin mirada, sin espíritu y sin naturaleza; y los caminos son el tejido nervioso que enlaza, fecunda y da sentido a lo extenso. En Quintá de Cancelada, esa idea no fue una teoría cultural, sino una guía de acción.
Aquí el Donsal y sus regatos no sólo riegan: cuentan. La toponimia, la memoria colectiva, las arquitecturas anónimas, las ruinas de molinos, la Fraga de Baliñas, los castaños venerables y la voz de muchas aguas forman una unidad viva. Recuperar el sendero significó también restaurar la conversación entre paisaje, historia y usos futuros; reparar abandonos para abrir paso a una vida nueva.
Abrir camino, no pedir compasión
La decisión fundacional no fue pedir lástima, sino abrir camino. Limpiar, drenar, asegurar, narrar y dignificar una ruta para que la comarca dejara de verse a sí misma como un lugar condenado al margen. Así fue naciendo, tramo a tramo, lo que terminaría siendo el PR-G 159: una infraestructura humilde y enorme a la vez, hecha con conocimiento del terreno, dirección técnica, trabajo manual y una ética de servicio poco frecuente.
No había presupuestos estables ni una red sostenida de apoyos. Hubo dinero de bolsillo, combustible, herramientas prestadas, comidas preparadas, hospitalidad, sobremesas, escucha y constancia. Como los viejos canteros gallegos, la obra avanzó piedra sobre piedra, paso sobre paso. La homologación, las candidaturas y los reconocimientos llegaron después; nunca antes que el trabajo real.
La juventud que llegó para aprender
Antes de las complicaciones más duras, la historia recibe a sus personajes decisivos: el voluntariado. A lo largo de los campos de trabajo, jóvenes de numerosos países y varios continentes, junto a cooperantes locales y participantes llegados de otros puntos de España, se implicaron en una causa que casi nadie veía. No vinieron a salvar nada desde arriba. Vinieron a trabajar, a convivir y a aprender que un paisaje también se defiende con las manos.
Sus testimonios y su ejemplo dieron la medida del proyecto. Para unos fue uno de los mejores campos de trabajo que habían vivido; para otros, no existía otro igual; una participante italiana recordó que en Quintá se sintió una más del pueblo; y una voluntaria de Kazajistán limpió puntos de la senda de rodillas como quien cuida el jardín de su propia casa. La cuenca del Donsal no sólo recuperó sendero: generó comunidad internacional, integración intergeneracional y pedagogía ambiental aplicada.
Puente sobre el agua: pequeña infraestructura, gran continuidad del camino
La segunda maleza
Luego llegaron las complicaciones verdaderas. La maleza ocultaba la caja del camino, los regatos mordían, los taludes cedían y la humedad reabría cada invierno la discusión con el terreno. Pero había una maleza peor: la resignación acumulada de generaciones. Más difícil de arrancar que las silvas y los tojos, operaba como una forma de gobierno informal e invisible.
Los regidores de la demora no necesitaban atacar de frente; bastaba con frenar, ignorar o enfriar.
También los residentes oscilaron entre no implicarse, cooperar y el escepticismo heredado. Y, sin embargo, la naturaleza empezó a responder cuando se la trató con conocimiento y aprecio. El musgo y el liquen dejaron de ser sólo señal de abandono y pasaron a leerse como indicadores finos del equilibrio ambiental. El agua dejó de ser obstáculo para convertirse en maestra. El territorio ya sabía lo que era la sostenibilidad mucho antes de que llegara esa palabra. El trabajo medioambiental llevado a cabo a través de los work camps y de actuaciones puntuales fue también un trabajo de prevención frente a los incendios.
Cuando el método vence al barro
La crisis aparece cuando coinciden cansancio, lluvia y memoria derrotada. El avance parece mínimo frente a siglos de retraso; los relevos no alcanzan; y el esfuerzo exige una perseverancia que roza lo heroico. Es entonces cuando reaparece la vieja frase: aquí no cambia nada. Pero Antonio, Manuel, José y otras personas residentes no respondieron con teoría, sino con actitud proactiva y herramienta en la mano. Y ese gesto convocó a seguir.
El clímax no es una batalla de salón, sino una jornada total de trabajo: kilómetros de desplazamiento, desbroce, drenaje, poda, reposición de pasos, señalización y seguridad para que el itinerario resultase transitable y atractivo. Es la victoria del método sobre la pasividad. Quien no mueve una piedra acaba obedeciendo al barro; quien se instala en la inacción abandona al territorio y a la gente.
El precio de sostener lo común
Nada de lo logrado fue fácil ni lineal. Junto al trabajo físico, a la autofinanciación, a la hospitalidad y a la constancia, hubo silencios administrativos, demoras y barreras impropias de una infraestructura cívica de uso público. Hasta para reclamar el abono de actuaciones medioambientales incentivadas en boletines oficiales, ejecutadas y premiadas, fue preciso acudir a la Justicia.
Ese contraste entre felicitaciones y reconocimientos externos y la falta de apoyo de administraciones competentes e instituciones no debilita el valor del proyecto: lo hace más verdadero y más meritorio. La ética de una obra así no consiste sólo en emprenderla, sino también en sostenerla cuando el apoyo no llega, cuando callan quienes deberían responder y cuando lo común exige más firmeza que comodidad para no quedar expuesto al deterioro ni al abandono evitable.
Lo que quedó en pie
Los años dieron razón al esfuerzo sostenido y al trabajo organizado. Llegaron senderistas, familias, especialistas; volvieron voluntarias y voluntarios, gallegos y descendientes de la diáspora. La ruta maduró con sus músicas de agua, sus puentes, sus aldeas con construcciones rehabilitadas, sus sotos, sus miradores y su apertura a la cuenca del Navia.
Homologada como PR-G 159, incorporada a la divulgación pública y sostenida por mantenimiento anual, dejó de ser una promesa para convertirse en un uso social que dignificó el territorio antes infravalorado.
Por eso la distinción de Sendero Azul 2026 no cayó del cielo. Puso nombre público a una obra ya probada: dieciséis años de cuidados capaces de herir de muerte una resignación de siglos. CyN no administró ruinas; vertebró recursos escasos, manos diversas y una idea firme del bien común. Donde otros veían periferia, el proyecto enseñó a ver patrimonio, paisaje y futuro.
Vestigios del trabajo antiguo junto al agua: patrimonio humilde, memoria útil
Del sendero a la pantalla y a la palabra
La experiencia no quedó encerrada en el valle. El documental “Castaño y Nogal, una experiencia única”, nacido del work camp de 2013 y presentado en 2014, fijó en imágenes la mezcla de trabajo, hospitalidad, patrimonio y aprendizaje que definió aquellos años. El proyecto se hizo también relato, memoria y prueba visual de que recuperar un sendero puede ser, al mismo tiempo, recuperar una dignidad colectiva.
A esa memoria audiovisual se sumó un recorrido de conferencias y presentaciones en Cornellà, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, el Campus da USC en Lugo, Betanzos, Coristanco, Quintá, Becerreá y la Escuela Superior Pedagógica de Tacámbaro, en Michoacán (México), entre otros lugares. El valle dejó de ser sólo un lugar: se convirtió también en un mensaje y en una invitación a mirar de otra manera el rural de montaña, inspirando capítulos de libros y multitud de artículos, reportajes y vídeos de recorridos y paisajes de la senda.
La saeta muda, la primavera y la centralidad del Donsal
Las lecturas recientes del proyecto -la saeta y la primavera- no lo contradicen: lo afinan. La saeta introduce una clave de conciencia. Toda obra real necesita una voz que hiera la costumbre, que rompa la indiferencia y que obligue a mirar de frente lo que llevaba demasiado tiempo aceptándose como inevitable. En el Donsal esa saeta no nació de un balcón, sino del agua, del trabajo y de la perseverancia: una llamada muda, pero firme, contra la resignación.
La primavera añade la segunda clave. Brotan flores, se activan manantiales, vuelven las primeras limpiezas y el valle recuerda que ningún ciclo vital admite puentes. Puede cuidarse, acompañarse y acelerarse algo; no puede saltarse sin coste. Ahí se entiende mejor el sentido profundo del camino: no sólo abrir paso a senderistas, sino devolver tiempo vivo a un territorio que parecía condenado a la espera.
Y en ese punto comparece también la centralidad discreta del Donsal. Mientras el mundo oscila entre guerras abiertas y las grandes hazañas tecnológicas de escala planetaria, la cuenca recuerda otra escala de la condición humana: la de la ética próxima, la hospitalidad concreta, el trabajo bien hecho y el cuidado de lo vivo. No es una centralidad ruidosa ni propagandística. Es una centralidad moral, hecha de presencia, de ejemplo y de duración.
Ejemplo exportable
El proyecto acreditó una fórmula replicable: lectura culta del territorio, recuperación física del camino, pequeñas infraestructuras seguras, voluntariado internacional, hospitalidad local, divulgación continuada y mantenimiento anual. Su proyección en candidaturas europeas y gallegas, y su reconocimiento como Sendero Azul 2026, no nace de un artificio promocional, sino de un método verificable.
Donde había abandono, CyN articuló diagnóstico, dirección técnica, trabajo manual y comunidad. Por eso el proyecto puede leerse como ejemplo exportable: no por su espectacularidad, sino por la nobleza de una ética aplicada al territorio y abierta a la cooperación internacional.
Reconocimientos y retornos
El reconocimiento de 2026 vino acompañado por el aprecio de quienes estuvieron desde el comienzo o llegaron después a recorrer la senda. El primer coordinador del work camp de 2010 la describió como una labor de muchos años justamente premiada; desde el entorno de la ONCE se agradeció el trabajo que CyN continúa haciendo; y visitantes y seguidores habituales la celebraron como un reconocimiento merecido y plenamente ganado.
Plano final
En el último plano, el Donsal corre entre sol y sombra; sobre una piedra hay musgo; sobre el musgo, luz. La belleza estaba oculta, pero no estaba muerta. Hacían falta manos que la devolvieran al mundo.









Entradas (RSS)