Hemeroteca del 5 mayo, 2026

La cuenca del Donsal no necesita disfrazarse para ser hermosa. Le basta con amanecer, dejar que suba la niebla, que el agua vuelva a sus pasos, que el musgo cubra las piedras y que el liquen escriba sobre los troncos esa letra mineral que solo entienden los territorios que aún respiran.

Pero esta pieza no nace para enseñar una postal. La postal se mira y se olvida. La cuenca, en cambio, mira de vuelta. Y cuando mira de vuelta, diagnostica. No discute con la Administración: la desnuda. No grita: toca a arrebato.

Hablan aquí los personajes antiguos de una tierra viva: la Cuenca, el Agua, la Niebla, el Musgo, el Liquen, la Rodera, la Ouriceira, el Vimbio, los Campanarios, Manuel y Frugencia. La belleza no adorna. Prepara la denuncia. El diálogo no explica. Revela carácter, conflicto y destino.

I. LA CUENCA NO QUIERE SER POSTAL

CUENCA.— Me han mirado muchas veces como se mira una estampa: con elogio rápido y memoria corta.

NIEBLA.— Yo bajo para que no crean que todo se ve desde arriba.

AGUA.— Yo atravieso los prados y todavía sé los nombres de las piedras.

MUSGO.— Yo no cubro ruinas; cubro continuidad.

LIQUEN.— Y yo no soy adorno de árbol viejo. Soy señal de aire, tiempo y paciencia.

FRUGENCIA.— Entonces, ¿por qué dicen que esto se acaba?

MANUEL.— Porque hay quien confunde silencio con muerte. Y la aldea calla mucho, pero no por estar muerta: calla porque lleva demasiado tiempo esperando una conversación decente.

CAMPANARIOS.— ¿Tocamos?

CUENCA.— Todavía no. Primero que el lector entre sin paraguas administrativo.

II. EL MAPA QUE NO PREGUNTA

RODERA.— Por aquí subieron carros cargados de patatas, centeno, hierba, madera, niños, remedios y noticias. La rodera no era una raya: era una economía.

FRUGENCIA.— ¿Y ahora quién pregunta por la rodera?

MANUEL.— Preguntar, poco. Escribir, mucho. Hay políticas que parecen hechas con mapas limpios y botas nuevas. Les salen bien las líneas, pero les faltan callos.

NIEBLA.— A veces el mapa tapa más que la niebla.

RODERA.— Y luego vienen a explicar la ladera desde un zapato que nunca resbaló.

CUENCA.— Ahí empieza la sordera: cuando se gobierna el rural sin escuchar al rural. No basta con consultar a estructuras generales si después no llega nadie al detalle de una explotación familiar, de un prado perdido, de un camino que se cierra o de una fuente que deja de servir.

III. EL AGUA LEVANTA ACTA

AGUA.— Yo no tengo ventanilla, pero llevo expediente completo. Sé qué prado era de riego, cuál de secano, dónde pastaban las vacas, dónde se secó una poza, dónde una plaga llegó antes que el aviso y dónde una familia dejó de pedir porque pedir cansa cuando nadie contesta.

MUSGO.— El agua no exagera. Solo vuelve.

LIQUEN.— La Administración, en cambio, a veces llega tarde incluso cuando llega temprano: trae norma, pero no trae oído.

FRUGENCIA.— ¿Y no hay técnicos para explicar, prevenir, avisar?

MANUEL.— Los hay, y muchos valen. Pero el sistema no siempre les permite servir como deberían. Falta comunicación fluida con las delegaciones territoriales, falta asistencia técnica cercana, falta transparencia, falta cooperación efectiva entre administraciones y falta una posición común que el agricultor y el ganadero puedan entender sin traductor de expedientes.

AGUA.— Si una plaga sabe llegar mejor que una ayuda, algo está mal trenzado.

IV. LA OURICEIRA PIDE MANOS

OURICEIRA.— Me hicieron para guardar castañas, no para posar con musgo. Fui arquitectura de hambre contenida y de invierno previsto.

FRUGENCIA.— ¿Y ahora qué guardas?

OURICEIRA.— Guardo una pregunta: ¿quién recoge si no quedan manos?

MANUEL.— No se puede hablar de aprovechamiento forestal, de castañares, de paisaje, de biodiversidad y de prevención si se deja sola a la gente que sabe cuándo cae la castaña, cuándo pesa la hierba y cuándo un souto empieza a cerrarse.

OURICEIRA.— Que vengan en noviembre y recojan castañas sin manos. Después que redacten el plan.

CUENCA.— La despoblación no siempre entra con ruido. A veces entra por la puerta pequeña de una ayuda imposible, una sanción fácil, una oficina distante y una formación que nunca llegó.

V. LA RODERA SE CRUZA CON EL EXPEDIENTE

RODERA.— El expediente sabe subir. La sanción también. La cooperación, en cambio, se cansa en la primera curva.

NIEBLA.— Hay cartas que llegan con más puntualidad que las soluciones.

MANUEL.— La presión administrativa y sancionadora sobre el rural es extrema cuando no va acompañada de servicio, orientación, asistencia técnica y proporcionalidad. Se exige mucho a quienes aún sostienen el territorio y se les ofrece poco para hacerlo de manera viable.

FRUGENCIA.— ¿Eso es modernidad?

RODERA.— Modernidad sería que el formulario supiera oler a establo y que el técnico pudiera venir antes que el problema.

AGUA.— Modernidad sería avisar de la plaga, ordenar la cooperación, facilitar maquinaria compartida, ayudar a comprar piensos juntos y recuperar prados para que el fuego no herede la tierra abandonada.

MUSGO.— Modernidad con barro, no con barniz.

VI. EL VIMBIO ENSEÑA POLÍTICA

VIMBIO.— Una aldea se entiende trenzando. Una vara sola se quiebra; varias, si se cruzan bien, hacen cesto.

FRUGENCIA.— ¿Y qué hay que trenzar?

VIMBIO.— Cooperativas de uso de maquinaria. Compra común de piensos. Trabajo compartido en labores agrarias. Aprovechamiento de antiguos prados de riego y secano. Pastoreo compatible con prevención. Caminos vivos. Gente formada. Técnicos cercanos. Administración que escuche.

MANUEL.— El rural no necesita que lo llamen esencial los domingos. Necesita cauces de consulta ordenados, planes comarcales, continuidad y respeto. Los sindicatos agrarios cumplen una función, pero no bastan para mirar cada valle con lupa, cada explotación con nombre y cada horizonte con responsabilidad.

LIQUEN.— Un país que no trenza se deshilacha por las aldeas.

CUENCA.— Y después llama despoblación a lo que antes fue desatención.

VII. LA ESCUELA QUE NO ESTÁ

FRUGENCIA.— En la escuela nos enseñan a leer. ¿Dónde se aprende a quedarse?

MANUEL.— Debería aprenderse también cerca: en centros de Formación Profesional agraria provinciales y comarcales, con prácticas reales, maquinaria, gestión cooperativa, prevención de incendios, sanidad vegetal y animal, transformación local, comercialización y respeto por el saber heredado.

MUSGO.— Saber heredado no quiere decir atraso. Quiere decir experiencia con raíces.

AGUA.— Y ciencia cercana no quiere decir ciencia pequeña. Quiere decir ciencia que llega a tiempo.

FRUGENCIA.— Entonces, ¿un abuelo puede enseñar a una técnica?

LIQUEN.— Y una técnica puede salvar un souto si escucha al abuelo.

MANUEL.— Eso sería cooperación: no una fotografía de reunión, sino un sistema que baja al territorio y vuelve con decisiones mejor hechas.

VIII. EL MONTE NO ESPERA A JULIO

CAMPANARIOS.— Tocamos también por el fuego que aún no empezó.

AGUA.— El incendio no nace el día que arde. A veces se prepara durante años de abandono, maleza, caminos cerrados, prados perdidos, ganado que desaparece y prevención reducida a campaña.

RODERA.— Si el camino se cierra, también se cierra la salida.

OURICEIRA.— Si el souto no se cuida, pierde fruto y gana peligro.

VIMBIO.— Si no hay manos, hay combustible.

MANUEL.— La prevención contra incendios debe ser trabajo efectivo todo el año, con prioridad comarcal, compatible con la vida agrícola y ganadera, y sostenida por cooperación leal entre administraciones y sociedad civil. No se previene un territorio vivo solo con anuncios estacionales.

NIEBLA.— El fuego no lee notas de prensa. Lee abandono.

IX. LA PUERTA DEL COBERTIZO

Frugencia escribe con tiza en la puerta: PLAN, FORMACIÓN, MANOS, COOPERACIÓN, ESCUCHA, PREVENCIÓN TODO EL AÑO. La tiza no es oficial. Por eso todavía dice verdad.

CAMPANARIOS.— Tocamos por la aldea que no se resigna y por los papeles que no saben contestar una helada.

NIEBLA.— Ahora que nadie diga que no vio. No se puede gobernar el rural con mapas mudos, reuniones sin aldeas y ventanillas que solo abren para requerir, cobrar o sancionar.

MANUEL.— La aldea no se muere: muchas veces la cierran desde fuera quienes mandan sin venir, deciden sin preguntar y confunden competencia con distancia. Pero una puerta cerrada también puede hacer ruido si una niña aprende a golpearla.

FRUGENCIA.— ¿Y si nos llaman exagerados?

OURICEIRA.— Que vengan en noviembre y recojan castañas sin manos.

RODERA.— Que suban con lluvia y expliquen la ladera desde un zapato limpio.

AGUA.— Que beban de una fuente abandonada y llamen modernidad a su sed.

LIQUEN.— Que miren un árbol viejo y digan cuánto vale en una tabla.

MUSGO.— Que se sienten en el suelo. Si aún sienten humedad, tal vez aprendan.

VIMBIO.— Que intenten hacer un cesto con una sola vara. Así entenderán una aldea.

MANUEL.— No basta con hablar del rural en plural desde una tribuna. Hay que escuchar el último prado, la última casa con humo, la explotación familiar que aún madruga y la mano que sabe cuándo una tierra se trabaja o se pierde.

FRUGENCIA.— ¿Y por qué no vienen a preguntar?

RODERA.— Porque el despacho camina poco.

OURICEIRA.— Porque una circular pesa menos que un saco de castañas.

AGUA.— Porque una plaga, cuando llega sin aviso ni apoyo técnico, habla antes que la Administración.

MUSGO.— Porque sin formación agraria provincial y comarcal, la juventud oye futuro en otra parte.

VIMBIO.— Porque sin cooperativas de maquinaria, compra común de piensos, labores compartidas, prados recuperados y pastoreo ordenado, cada casa queda como vara sola: se rompe antes de poder cargar.

MANUEL.— Y porque la prevención contra incendios no puede ser un susto de verano. Tiene que ser trabajo efectivo todo el año, con prioridad comarcal, compatible con la vida agrícola y ganadera y con recursos medibles.

FRUGENCIA.— Entonces no pedimos limosna.

AGUA.— Pedimos reglas con barro.

LIQUEN.— Ciencia con oído.

MUSGO.— Competencias ejercidas.

RODERA.— Delegaciones que contesten.

OURICEIRA.— Administraciones que cooperen.

VIMBIO.— Aldeas que vuelvan a trenzarse.

MANUEL.— Una política rural que no escucha a un abuelo de 86 años y a una niña de 11 no es moderna: es sorda, descorazonadora y, además, muy antigua aunque venga con sello nuevo.

FRUGENCIA.— Entonces toquen.

CAMPANARIOS.— Tocamos.

La niebla se levanta. La cuenca no aparece como postal: aparece como prueba. No pide compasión administrativa ni caos. Pide reglas con barro, ciencia con oído, competencias ejercidas, cooperación trenzada y manos. Porque cuando una cuenca viva habla así, el silencio ya no es prudencia: es responsabilidad.

NOTA FINAL

Esta pieza debe leerse como lo que es: una denuncia civil, ambiental y rural formulada desde un territorio que todavía conserva agua, suelo, memoria, caminos, biodiversidad, aldeas, oficios y posibilidad de futuro. No se reclama una vuelta decorativa al pasado ni una exención del cumplimiento de la ley. Se reclama que la ley, la técnica y la Administración sirvan al rural con inteligencia, proporcionalidad y presencia efectiva.

CyN sostiene que el problema no está solo en la falta de población, sino en la falta de una política pública capaz de escuchar, coordinar y actuar antes de que el deterioro sea irreversible. La Administración autonómica, con máximas competencias transferidas en materias agrarias, forestales, ambientales y de desarrollo rural, debe ejercerlas con vocación real de servicio: información temprana sobre plagas, asistencia técnica accesible, delegaciones territoriales comunicativas, transparencia, apoyo al cooperativismo, formación profesional agraria provincial y comarcal, recuperación de prados de riego y secano, pastoreo útil, maquinaria compartida, compra común de piensos y prevención de incendios durante todo el año.

La cuenca no pide favores. Pide método, escucha y cooperación. Pide que el rural deje de ser tratado como expediente, reserva sentimental o problema estadístico. Pide que una niña pueda imaginar futuro sin abandonar la aldea y que un abuelo no tenga que explicar, a los 86 años, lo que una política seria debería haber aprendido antes de dictar.

Cuando el agua habla, el musgo confirma y las campanas tocan, la conclusión ya no admite maquillaje: si una cuenca viva sigue respirando y las políticas públicas no la escuchan, el silencio deja de ser prudencia. Se convierte en responsabilidad.

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