Hemeroteca del 24 julio, 2026

Crónica muda del Donsal para un país que cuenta hectáreas incineradas, archiva preguntas y llega tarde al bosque, al monte y a los núcleos rurales.

El musgo escanea microclima y cuenta gotas

El musgo no adorna una metáfora.

Registra.

Cuenta las gotas que quedan en la piedra, la sombra que aguanta bajo el roble y el momento exacto en que una fuente empieza a hablar más bajo.

No lleva estadística, pero no falla.

«Eu non leo plans. Leo auga».

En la huerta, uºna madre reparte el agua como quien reparte un pan escaso. Un cazo para las patatas. Medio para los pimientos. Otro para los tomates. Lo que queda, para las lechugas, criaturas teatrales que se desmayan con gran aparato y resucitan con un hilo de agua.

«Eu non entendo de competencias. Entendo de sede», protesta una.

La madre no sonríe.

Sabe que la huerta no es una estampa costumbrista. Es alimento, presencia, suelo trabajado, humedad y una discontinuidad viva delante del fuego.

Donde alguien riega, poda, recoge y vuelve mañana, el abandono lo tiene más difícil.

Arriba, las copas celebran su propio parlamento.

El castaño da sombra.

El roble da tiempo.

El cerezo da flor.

El nogal guarda frescor.

El abedul avisa cuando falta agua.

Llega una hoja oficial y resume aquel mundo en una palabra:

ÁRBOLES.

Las copas se miran y ríen sin ruido.

No todo lo verde es bosque. No todo bosque protege igual.

Una plantación uniforme, sin mantenimiento y pegada a una vivienda puede convertirse en continuidad de combustible. Un bosque autóctono diverso, con agua, agricultura, pastoreo, caminos y presencia humana ofrece otra resistencia.

Por eso la prevención no se improvisa en julio.

Se trabaja cuando no hay cámaras: en otoño, invierno y primavera.

Las abejas entran y salen de las colmenas. Trabajan sin gabinete de comunicación.

«Polinización executada. Sen inauguración, sen dietas, sen rolda de prensa».

El corzo aparece al atardecer. Un agente busca su nombre en la tableta.

La sed también tiene memoria, que registra la huerta

NON CONSTA.

El corzo vuelve la cabeza:

«Non consto. Pero cando arde, corro igual».

Después llegan quienes sí pisan el terreno. Giulia y otras personas cargan madera, limpian un paso, reparan una barandilla y abren un camino.

«Vin de Italia para coñecer o rural. Acabei coñecendo a distancia entre un despacho e unha fonte».

La claqueta recuerda el expediente que el monte conserva:

12 campos internacionales y regionales.

107 voluntarios.

18 países.

Más de 31.000 horas.

Un funcionario muestra doscientas páginas:

TRABAJO PREVISTO.

Giulia levanta una:

TRABAJO HECHO.

El papel pesa más.

El camino, sin embargo, se abre del lado de Giulia.

Y entonces llega la comitiva.

El portavoz aparece peinado, planchado y adecuadamente compungido. Detrás, una ladera negra. Delante, varios micrófonos.

La prevención no ha llegado, pero la comparecencia es puntual.

«Todos los medios están activados».

El pastor mira la maleza acumulada durante meses:

«Os medios chegaron. A prevención era a que non vivía aquí».

La frase no acusa a quienes extinguen.

Brigadistas, bomberos, agentes, sanitarios y vecinos entran en el fuego cuando otros plazos ya vencieron.

Lo indecente es pedirles que resuelvan en horas lo que no se trabajó durante estaciones enteras.

La cámara enfoca el peinado.

El viento no lo mueve.

No todo lo verde da la misma sombra. Robles

CARTELA:

LA FAJA DE PROTECCIÓN NO COMPARECIÓ. EL PEINADO, SÍ.

La sátira termina cuando el cielo se vuelve naranja.

El musgo se encoge. Las abejas se agitan. El corzo corre. La madre cierra una ventana y deja la manguera sobre la huerta.

«Cando chegou o lume, eu xa viña minguando», dice la fuente.

El fuego responde:

«Eu non leo expedientes. Léosos coa chama».

A 23 de julio de 2026, CyN trabaja con una cifra superior a 123.000 hectáreas quemadas en España. Según la referencia pública aportada por la Asociación, el presidente del Gobierno señaló el 22 de julio que la superficie afectada cuadruplicaba la registrada en la misma fecha de 2025.

Las hectáreas se cuentan.

Las preguntas, demasiadas veces, se archivan.

¿Qué se planificó?

¿Dónde se ejecutó?

¿Quién lo comprobó?

¿Cuánto costó?

¿Qué quedó en el terreno?

¿Qué protección existía alrededor de las viviendas?

¿Qué puntos de agua funcionaban?

¿Qué caminos permitían entrar?

¿Qué labores de otoño, invierno y primavera se realizaron?

Copernicus puede dibujar la cicatriz. MITECO puede consolidar cifras. Las televisiones pueden mostrar el humo.

Pero ninguna imagen de satélite sustituye la diligencia que comprueba el terreno antes del incendio ni la investigación que examina después las discordancias.

El fuego no prueba por sí solo un delito.

Tampoco concede una amnistía administrativa.

Cuando hay muertes, devastación, recurrencia, dinero público, obligaciones preventivas e indicios objetivos de omisión, investigar no es condenar.

Es negarse a que la ceniza cierre el expediente.

Por eso hacen falta diligencias motivadas en Fiscalías y órganos judiciales cuando proceda.

Por eso deben responder las comunidades autónomas y el Estado.

Y por eso la Unión Europea debe auditar los fondos y las políticas preventivas que financia, no limitarse a cartografiar la cicatriz.

Hacen falta plenos monográficos, no otro turno de frases preparadas.

Que comparezcan cargos actuales y anteriores.

Técnicos.

Funcionarios.

Interventores.

Agentes medioambientales.

Brigadistas forestales.

Bomberos rurales.

Alcaldes.

Agricultores.

Ganaderos.

Comunidades de montes.

Asociaciones.

Universidades.

Que lleven los planes, los contratos, las coordenadas, las fotografías, las facturas y los resultados de los últimos veinticinco años.

Que respondan:

Qué.

Dónde.

Cuándo.

Quién.

Cuánto.

Resultado.

No es un juicio televisivo.

Es memoria pública.

Y hay una paradoja que CyN conoce de cerca.

Según su documentación, ejecutó, pagó y acreditó trabajos correspondientes a una subvención competitiva de 2.835,75 euros que no fue abonada. La reclamación judicial fue desestimada.

La cifra es pequeña.

El mensaje no.

Si mantener un camino, proteger el agua y adelantar recursos termina castigando a quien trabaja, el abandono ya no es una fatalidad.

Es un resultado administrativo.

La factura de décadas de prevención insuficiente no termina en el parte de extinción. Suma viviendas, agricultura, suelo, agua, biodiversidad, patrimonio, salud y despoblación.

Debe cuantificarse públicamente.

Debe explicarse.

Y debe corregirse.

La película termina donde empieza la prevención:

una fuente accesible;

una huerta regada;

un camino abierto;

un bosque diverso;

brigadas con medios estables;

y alguien que baja a comprobarlo.

El musgo conserva una gota.

LA PREVENCIÓN NO EMPIEZA CUANDO ARDE EL MONTE.

EMPIEZA CUANDO TODAVÍA PARECE QUE NO PASA NADA.

Trabajo de las abejas sin gabinete de comunicación

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