ADEAC CONSAGRA EN ACTO PÚBLICO EN CULLERA LA RUTA QUINTÁ–RÍO DONSAL: LA MONTAÑA LUCENSE ENTRA EN LA RED DE EXCELENCIA AMBIENTAL DE ESPAÑA

ADEAC CONSAGRA EN ACTO PÚBLICO EN CULLERA LA RUTA QUINTÁ–RÍO DONSAL: LA MONTAÑA LUCENSE ENTRA EN LA RED DE EXCELENCIA AMBIENTAL DE ESPAÑA

El PR-G 159, promovido por Castaño y Nogal y respaldado por los ayuntamientos de Becerreá, Navia de Suarna y Cervantes, recibió la Bandera Sendero Azul 2026 en el acto oficial de ADEAC, que distinguió este año a 194 itinerarios del país y reconoció en ellos la excelencia ambiental y el uso sostenible del territorio

No fue una ceremonia más. Lo vivido ayer, viernes 6 de marzo de 2026, en Cullera, quedará inscrito como una de esas fechas que dignifican años de trabajo silencioso, perseverante y ético. Allí, en el acto oficial de entrega de las Banderas Sendero Azul 2026, la Ruta Quintá–Río Donsal (PR-G 159) fue proclamada y reconocida como nuevo Sendero Azul de España, incorporándose a una red estatal que distingue los itinerarios ejemplares por su calidad, su valor educativo, su gestión responsable y su compromiso con la conservación del patrimonio natural y cultural.

El reconocimiento tiene una magnitud objetiva y, al mismo tiempo, una hondura moral. La Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC) otorgó este año el galardón Sendero Azul 2026 a 194 senderos de España, de los cuales 45 son nuevos, en una red que ya supera los 1.200 kilómetros, se extiende a 154 municipios, 24 provincias, 12 comunidades autónomas y una ciudad autónoma. Galicia vuelve a situarse a la cabeza del programa con 72 Senderos Azules, y la provincia de Lugo alcanza ya los 7, gracias a la incorporación del itinerario del Donsal.

En ese mapa nacional de la excelencia ambiental, el nombre del PR-G 159 Ruta Quintá–Río Donsal ya figura oficialmente junto a los municipios de Becerreá, Navia de Suarna y Cervantes, los tres ayuntamientos que cofirmaron y respaldaron la candidatura junto a la asociación Castaño y Nogal (CyN), promotora de la ruta y del proceso que la ha llevado hasta esta cima. El listado oficial de ADEAC recoge así, con la sobriedad administrativa de los grandes hechos, lo que para la montaña lucense significa mucho más que un distintivo: la consagración pública de un territorio que no pide admiración por su belleza únicamente, sino respeto por el cuidado que recibe, cuándo y dónde lo recibe.

La apertura institucional del acto correspondió al presidente de ADEAC, José Palacios Aguilar, máximo responsable de una entidad que define el programa Senderos Azules como una referencia en la recuperación, conservación y puesta en valor del patrimonio natural, cultural y paisajístico de España. ADEAC subraya, además, que el galardón solo se concede a itinerarios que superan criterios exigentes en cuatro grandes bloques: trazado; información, señalización e infraestructuras; conservación y gestión del patrimonio natural y cultural; y uso público y disfrute.

Las candidaturas de 2026 fueron evaluadas por un jurado multidisciplinar integrado por especialistas en medio ambiente, salud, turismo, accesibilidad y actividad física. Según la información facilitada por CyN, en esa intervención inaugural hubo además una mención expresa a la Ruta Quintá–Río Donsal, a la asociación y a la unión de los tres municipios lucenses en apoyo de una candidatura defendida con convicción y finalmente aprobada por unanimidad.

Tras la presentación global de la edición y el turno posterior de autoridades —que, según la reseña remitida por CyN, cerró el alcalde de Cullera, Jordi Mayor Vallet— llegó el momento central: la entrega de las banderas por comunidades autónomas, municipios y provincias. Galicia fue una de las primeras en ser llamada al escenario. Y dentro de la representación lucense, la Bandera Sendero Azul 2026 de la Ruta Quintá–Río Donsal fue recogida por el presidente de Castaño y Nogal, Antonio Álvarez González, acompañado por María Fernanda López Marín, exvoluntaria comisionada por CyN para representar también, en ese instante, al colectivo más constante y generoso de cuantos trabajaron altruistamente en la senda desde el Work Camp de 2010. La imagen tuvo el valor de un símbolo: una bandera para un sendero, pero también una bandera para dieciséis años de fidelidad y compromiso con el territorio.

Ese gesto quiso decir mucho. Porque la historia del Donsal no nace en un despacho ni se agota en una memoria técnica. Nace en la caminata, en la limpieza, en la señalización, en la defensa del patrimonio, en la pedagogía del paisaje y en la fe civil de quienes entendieron, mucho antes de que llegara el reconocimiento, que el territorio no se honra con discursos, sino con cuidados. Por eso la presencia de María Fernanda López Marín en la recogida del galardón añadió al acto una dimensión de justicia: junto al presidente de la asociación estaba también, públicamente reconocida, la huella de un voluntariado cualificado, generoso y perseverante, sin el cual esta gesta sencillamente no habría sido posible.

Acto seguido, y siempre según la información facilitada por CyN, el presidente de la asociación hizo entrega al alcalde de Cullera, en presencia del presidente de ADEAC, de ejemplares no comercializables del libro antropológico y de memoria escrito y editado por Antonio Álvarez González. El gesto, más que protocolario, fue un acto de correspondencia cultural: llevar a la ceremonia del reconocimiento una obra nacida del mismo impulso que hizo posible el sendero, la voluntad de conservar la memoria, leer el territorio y devolverle dignidad histórica a lo que durante demasiado tiempo permaneció oculto o infravalorado.

Para Castaño y Nogal, para su presidente, para los alcaldes Manuel Martínez Núñez, José Fernández Fernández y Benigno Gómez Tadín, y para todas las personas que llegaron, ayudaron, regresaron o sostuvieron el proyecto hasta 2026, la jornada de Cullera fue un día de orgullo legítimo y de gratitud profunda. Lo fue también para cuantos, a lo largo de las horas, hicieron sonar el teléfono, el correo y los mensajes de WhatsApp con felicitaciones que no celebraban una operación de imagen, sino una obra real, callada y duradera: la de un trabajo medioambiental muchas veces no visibilizado, hecho con ética, sin estridencias, y con la convicción de que la verdadera grandeza de un paisaje no reside solo en su hermosura, sino en la responsabilidad con que una comunidad lo protege.

La Bandera Sendero Azul 2026 ya pertenece oficialmente a la Ruta Quintá–Río Donsal. Pero su sentido más hondo pertenece a otra realidad más extensa: a la alianza entre asociación, voluntariado, familias implicadas e instituciones; al esfuerzo sostenido en el tiempo; a la idea de que el rural también puede marcar el paso en excelencia ambiental; y a la certeza de que la montaña lucense, cuando trabaja unida, no solo conserva su patrimonio: lo eleva. En Cullera se entregó una bandera. CyN, AAG y todos los que lo hicieron posible recibieron algo más difícil de alcanzar y más difícil todavía de merecer: el reconocimiento público de una obra bien hecha, conservada y divulgada como ejemplo exportable, de un trabajo de dignificación ambiental hecho con manos, en 16 años, para el uso y disfrute.